Junio, mes de los Valores Corporativos en EXECyL
Nuestro amigo Héctor Robles, experto en innovación, estrategia y transformación cultural de empresas, conferenciante profesional, fundador y director de DOMO y fundador de Honest Strategy, es el protagonista del post que hoy dedicamos a la temática elegida para el mes de junio.
En esta ocasión, nos hace llegar seis consejos que desmitifican algunas creencias acerca de los valores en la empresa y, desde su punto de vista, nos van a ayudar a adaptarnos a los nuevos tiempos. ¡Toma nota!
Hackeando los valores en la empresa
Si eres de los que sabes que la clave de un negocio exitoso, feliz y sostenible en los tiempos que corren pasa sí o sí por “trabajar” los valores en la empresa, enhorabuena. Estás en el ajo. Vamos, que eres de los pocos afortunados que va encaminado. Ahora bien, si eres de los que confunde el concepto “valores” con la ética, la moral, la RSC o cuidar el planeta, estás en un buen lío porque no estás realmente aprovechando lo que trabajar tus valores te puede traer y más que positivo te resultará contraproducente. No te preocupes, en las próximas líneas hago un hackeo de este asunto para que entiendas de qué hablo. En concreto intento dar la vuelta a 6 creencias que en mi opinión son erróneas en el tema “valores” y que una vez las des la vuelta puedes empezar tu camino de transformación personal-empresarial.
“Empresas con valores”
¿Y las que no tienen valores cuáles son? Hagamos un ejercicio: dime qué es importante para ti. Puede ser tu familia, viajar, hacer deporte, aprender nuevas cosas, el rigor científico, mantener las formas, sobresalir, ayudar a los demás, reírte, etc., etc. Sea lo que sea lo que hayas escrito, esos son tus valores, lo que valoras. En el caso de las empresas, exactamente lo mismo. Hay empresas para las que unas cosas son las importantes y otras con otras priorizaciones. Repite conmigo “todos tenemos valores” (sí, hasta Trump, Bin Laden o los ultras de un equipo de fútbol). Usar la expresión “empresas con valores” implica reconocer que hay otras sin ellos y es un gran error. Esto hace que muchas empresas no les interese el “tema valores” porque no se sienten identificadas con esos valores “elevados” que mencioné antes. Entender que no es así nos animará a indagar cuáles son los valores auténticos y profundos de nuestra empresa (para lo cual disponemos de metodologías y herramientas maravillosas) y aprovechar esta infalible ventaja competitiva.
“Los valores buenos y los malos”
Relacionado con el punto anterior, los que se erigen jueces de la moral, han determinado que unos valores son buenos y otros malos. Esa actitud de jueces lo único que consigue es que, de nuevo, muchas empresas no quieran entrar a trabajar sus valores para no sentirse juzgadas. Nada ha causado más daño a la humanidad, bueno, en realidad a las personas. Vamos a ver: la “rebeldía” es un comportamiento asociado a los valores de cuestionamiento del status quo, inconformismo, libertad, etc. ¿Alguien puede decirme si la “rebeldía” y estos valores son buenos o malos? Ya te adelanto que para unos son buenos y para otros son malos, pero no me atrevería a dictaminar lo uno u lo otro. Otro ejemplo muy bueno lo puedes ver cuando conoces un nuevo grupo de amigos pero no terminas de encajar. Puede que te parezcan aburridos, o banales o lo que sea… Sus valores (su forma de ser) no son ni buenos ni malos, son distintos a los tuyos. Lo que sí veo muy interesante y de hecho es lo que hacemos en nuestros procesos de transformación cultural, es clasificar los valores según otros criterios, pero no por “buenos o malos”. Así la metodología de Simon Dolan en su modelo triaxial los clasifica en emocionales-de desarrollo, ético-sociales y económicos-pragmáticos. Y la de Richard Barrett (la que utilizamos nosotros) los clasifica en 7 niveles de consciencia y a su vez en individuales, organizacionales, relacionales y sociales. Estas clasificaciones tienen su función: conocerte y conocer la cultura de tu empresa con mayor profundidad que si sólo conoces cuáles son tus valores. No sólo sabes cuáles son sino también cómo son. Pero sobretodo recuerda, en general, los valores no son buenos ni malos, son distintos.
“Los valores no valen para nada”
Algo curioso estoy observando últimamente: muchas personas critican los valores de las empresas, indicando que no sirven para nada. Luego me doy cuenta de que hablan de esos valores que se anuncian en la web y en posters en las paredes. A los valores a los que se refieren no son los valores de la empresa, son los valores que la empresa dice que tienen. Pero los valores reales de la empresa no es que sean importantes es que son, desde mi punto de vista, lo más importante que puedes y debes trabajar. Es tu seña de identidad, es por lo que te compran o te dejan de comprar (no por tus productos, servicios o experiencias), es en definitiva tu mayor activo, y además ¡es inimitable! ¿Cómo no van a valer nada? Eso sí, los valores que importan son los reales, los que de verdad tiene la empresa, lo que dicen y hacen los empleados cuando el jefe no está delante, lo que perciben los clientes. Si aún no los conoces ya puedes ponerte manos a la obra para identificar tus valores reales y ver qué haces con ellos. Recuerda que hay metodologías y herramientas para detectarlos, donde participan de manera simple, ágil y con baja dedicación todas las personas de la compañía.
“Los valores como un extra (un añadido) además de ganar dinero”
Una de las mayores incongruencias en este tema de los valores es separar éstos de los resultados de negocio. De hecho es uno de los puntos más difíciles de ver ya que hasta los más fanáticos de los valores en la empresa hacen esta separación. El otro día en una charla una experta decía que una empresa debía comportarse en arreglo a sus valores porque es lo que debía de hacer, independientemente del retorno económico que eso diese. Yo modifico la frase y digo: “una empresa debe comportarse en arreglo a sus valores porque además de ser lo que debe hacer (y traerle felicidad) es lo que le trae realmente los resultados de negocio”. Parece un pequeño matiz pero en realidad es una gran diferencia y lo cambia todo. Nuestros valores son el imán que atrae a nuestros clientes, embajadores de marca, proveedores, talento, etc. Los valores van primero y el dinero (los resultados) es la consecuencia. Entender esto te da mucho poder.
“Nosotros tenemos estos 5 valores”
Esto es lo que hubiera dicho una empresa con 5 valores en su web. En el caso de otras podrían ser 6, 8, 10… Para empezar eso no es cierto. Todos tenemos muchos más de 5 valores (o los que sean). Lo que pasa es que no todos son igual de importantes. Es lo que se llama nuestra “escala de valores”. Pero cuando dices mi empresa tiene 5 valores quieres decir que aunque tengáis muchos más, habéis decidido focalizaros en potenciar esos 5. Queréis además ser conocidos por toda la cadena de valor y grupos de interés por esos 5 valores. Me parece bien. ¿Y si preguntamos a cualquier persona de la empresa cuáles son esos 5 valores? ¿Podrían decírmelos de carrerilla sin mirar la web? Yo hago esta pregunta cada vez que conozco una empresa y la repuesta es que no se los saben. ¿Sabes por qué? Porque la ciencia sabe que recordamos mucho mejor 3 cosas que 4 o 5. Los 3 mosqueteros, los 3 cerditos, la santísima trinidad, la Pinta, la Niña, la Santa María, el Triple Balance (people, profit, planet), los trimestres… Recordamos las cosas de 3 en 3, y si está estudiado ¿Por qué la gente se empeña en poner 5, 8 o 10 valores corporativos? La respuesta es muy sencilla: nos cuesta dejar. Recuerdo un proyecto de transformación donde con el cliente estábamos ya en 4 valores pero debíamos llegar a 3. Les costó mucho “eliminar” uno (en realidad no eliminas, sólo priorizas, recuerda) pero al terminar el proyecto me enteré que volvieron a añadir el 4º valor. Nos cuesta simplificar, limpiar, quitar. Aprender a hacerlo es aprender a gestionar un proceso de duelo (pérdida de una pareja, de un ser querido, del trabajo…). Es lo mismo. Pero si quieres que los valores guíen tu empresa, debes aprender a dejar sólo 3 como los valores guía.
“La persona íntegra es la que no cambia de valores”
Pues mira, yo soy como Groucho Marx: “Si no le gustan mis valores tengo otros” que adaptado sería “Si no le gustan mis valores, venga dentro de un tiempo, habrán cambiado”. Los conservadores usan mucho este lenguaje, pero a los innovadores, a los que nos gusta evolucionar, reinventarnos, crecer sin importarnos cuál es el status quo, sabemos que nuestros valores, algunos, han cambiado en el tiempo. Yo lo he visto en mí muy claramente cuando tuve a mi hijo. El valor del riesgo, algo muy presente como buen emprendedor, bajó unos cuantos puntos en mi escala de valores. Estoy seguro que si piensas un poco en tu evolución vital, descubrirás cómo han evolucionado contigo tus valores. La creencia que sustenta la afirmación de que los valores no deben cambiar, y que eso es un síntoma de integridad, está totalmente alejada de una mente abierta, que busca la verdad y el progreso, con espíritu crítico. Así que cuando alguien te diga “¡yo soy de valores inmutables, mamados desde mi infancia!” ya sabes…
Bueno, pues espero que tras este hackeo te hayas puesto las gafas que yo llevo y puedas identificar y eliminar estas 6 frases de tu discurso. Será entonces cuando empieces a sacar realmente partido a llevar una vida y una empresa guiadas por valores.
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