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La visión de la innovación desde la Fundación Santa María la Real

Octubre, mes temático de la Innovación

    El mes de octubre va llegando a su fin y, con él, el mes de la innovación en el blog de EXECyL. En esta ocasión, son nuestros compañeros de la Fundación Santa María la Real los encargados de cerrar la temática con un interesante artículo en el que su director general, Álvaro Retortillo, nos cuenta su visión sobre el significado actual de la innovación, cómo esta está presente en la organización desde antes de su propia constitución y, además, comparte un decálogo que ellos utilizan para impulsar el desarrollo de sus proyectos.

    Sin duda, una información de mucha utilidad. ¡No te lo pierdas!

     

    La visión de la innovación desde la Fundación Santa María la Real

      La innovación se ha convertido en una de las palabras de moda a todos los niveles en los últimos tiempos, y no sólo en el ámbito empresarial. Sí, siempre ha estado ahí, y es la base del desarrollo humano, pero el interés por el concepto está claramente en crecimiento. Basta con echar una mirada a herramientas como Google Trends para constatar que, por ejemplo, en España las búsquedas en Internet del término “innovación” han crecido en los últimos 5 años de manera significativa.

      Fue Peter Drucker, el célebre gurú del management, quien estableció que “una empresa tiene dos, y sólo dos, funciones básicas: marketing e innovación”. El resto son costes. A pesar de que cuesta rebatir a un genio como el austríaco, quizás podamos matizar un poco esa aseveración, pero no andaba muy desencaminado, a la luz de los tiempos que estamos viviendo.

      En un contexto de crisis post-covid, donde la ciencia y la tecnología han resultado ser las únicas esperanzas para ver la luz, la idea de la innovación como un “must” en las organizaciones ha cogido cada vez más fuerza. Ahora bien, estamos hablando de un fenómeno complejo. La innovación se ha vuelto omnipresente en el discurso, pero lejos de lo aparentemente cool del término, hay que tener en cuenta de que nos referimos a una disciplina difícil.
       

      ¿Cómo innovamos entonces?

        A continuación, quisiera exponer brevemente la experiencia de la Fundación Santa María la Real, una entidad que lleva 45 años generando valor en buena medida gracias a la innovación, en particular a la innovación social. La Fundación tiene su precedente en la Asociación de Amigos del Monasterio, entidad que, bajo el liderazgo de José María Pérez “Peridis” se propuso restaurar el Monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo. Tomando como lema la conocida frase de Unamuno: «hasta una ruina puede ser una esperanza«, se buscó no sólo restaurar el Monasterio, sino que además que el convento caído (como se le llamaba entonces) fuese un elemento de valor para el pueblo y para la comarca de la Montaña Palentina. Además, se buscó que el proceso de restauración fuese en sí mismo una palanca de desarrollo. ¿Cómo? Uniendo dos problemas sociales que parecían aparentemente inconexos. Por un lado, la enorme cantidad de patrimonio cultural de gran valor disperso por España y que necesitaba de rehabilitaciones urgentes, modelos de gestión etc.; por otro, unas tasas de paro a mediados de los años 80 que superaban el 20% y que afectaban sobre todo a jóvenes sin cualificación.

        ¿Y si creamos equipos de personas desempleadas que, trabajando en equipo bajo la coordinación de profesionales, viejos artesanos etc., restauren el Monasterio y a su vez aprendan una profesión? El “y si” (what if…) como pregunta clave. Y nacieron las Escuelas Taller. Un proyecto común (restaurar y poner en valor el patrimonio), un proceso de desarrollo profesional y humano colectivo, aprender haciendo y hacer aprendiendo. Este sueño culminó con el Monasterio restaurado, y hoy en día alberga el instituto de bachillerato del pueblo, la sede de la Escuela de Idiomas, la sede de la Uned, un museo, y un hotel. Escuelas Taller es una de las políticas activas de empleo más importantes de la historia de nuestro país, y se ha exportado a Latinoamérica, África o Asia. Más de 800.000 personas han participado en el programa desde su inicio.

        De las Escuelas Taller surgieron numerosas líneas de actividad de la Fundación: el Centro de Estudios del Románico (investigación, cursos, publicaciones…), una posada rural, planes de restauración y conservación del patrimonio, una startup de IoT para la gestión patrimonial, una residencia de mayores etc. En 2013 se volvió a repetir la innovación social, esta vez con las Lanzaderas de Empleo, un programa que ha ayudado ya a más de 20.000 personas, que se ha exportado a Portugal e Italia, y que ha sido reconocido como buena práctica por el Gobierno de España, la OCDE o la Unión Europea. De nuevo Peridis, su intuición y su visión de los problemas como una solución. Llegamos a tener 6 millones de personas desempleadas. ¿Cómo van a ser las personas un problema? El paro es el problema, pero las personas son la solución. Trabajando en equipo, buscando empleo como Los Mosqueteros: “uno para todos y todos para uno”.
         

        Y ahora la gran pregunta: ¿Cómo podemos hacer los más mundanos para innovar y no depender para ello de la inspiración de un genio creativo (que, por otro lado, se cuentan con los dedos de una mano)?

          Desde hace unos años, hemos puesto en marcha un proceso sistemático para impulsar el desarrollo de proyectos de innovación en los campos en los que trabajamos (personas, paisaje y patrimonio). Por ello, y de modo sencillo, me gustaría compartir un pequeño decálogo que para nosotros está siendo de mucha utilidad.

          1. Innovar es un proceso que requiere de sistemática, formación, práctica etc. Hay que situar la innovación al mismo nivel que otras políticas de la empresa.

          2. Sin dinero no se puede innovar. De hecho, los proyectos de innovación normalmente van directamente a pérdidas en sus primeras fases.

          3. Aprovechar las ayudas y el ecosistema de I+D. Pero no hay que confundir la I+D (que es un input) con la innovación (que es un output). La innovación no es sólo I+D, es estrategia (sobre todo), gestión de personas, finanzas, aspectos legales etc.

          4. El método es importante. Hoy en día hay metodologías como Design Thinking, Lean Startup, Open Innovation etc. que pueden ayudarnos mucho en este sentido.

          5. Innovar es explotar con éxito el conocimiento. Si no hay resultados, no es innovación, es una invención.

          6. Hay que medir. Los KPIs son absolutamente claves para demostrar que se está avanzando, y que se están generando resultados. Eso sí, se requiere un sistema de medición diferenciado: la “contabilidad de la innovación”.

          7. Si quieres innovar en algo muy distinto a lo que haces habitualmente, sácalo del “core” de negocio y del sistema si es posible. La organización sacará su sistema inmunológico para luchar contra ese cuerpo extraño, ya que en los distintos departamentos de las organizaciones estamos en una carrera permanente por los recursos.

          8. Las personas son la clave. Su formación, desarrollo, la organización etc. son procesos de importancia capital. Equipos creativos y equipos de innovación. Y un buen sistema de incentivos, alineado con la política de recursos humanos es fundamental.

          9. Aceptar el fracaso. Hay estadísticas que hablan de que tan sólo triunfan 2 de cada 10 proyectos.

          10. Matar los “proyectos zombie”, que pululan por la organización durante mucho tiempo sin pena ni gloria. Hay que fallar rápido, y fallar barato.

          Y aquí seguimos, con un portfolio de proyectos de los que muchos fracasarán, pero en otros es donde esperamos encontrar las líneas de desarrollo futuro para generar impacto económico, social, medioambiental y cultural. Innovar es difícil, pero no hacerlo es letal.

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