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¿Es la Inteligencia Emocional tan importante para las organizaciones excelentes?

Agosto, mes de temática libre en EXECyL

    Pablo Villanueva, socio fundador de Eclosion Coaching, ha querido aprovechar la temática libre de nuestro blog a lo largo del mes de agosto para reflexionar acerca de una importante cuestión trabajada, entre otras, en el taller «Inteligencia Emocional para la prevención de riesgos psicosociales derivados de la covid-19» que impartió para nuestras empresas el día 29 de abril.

    Frente a una situación de desánimo y agotamiento como la que estamos padeciendo como consecuencia de todo lo vivido en los últimos meses, desde EXECyL creemos firmemente en la necesidad de saber cómo atenuar y gestionar ese valle emocional para favorecer la salud de la plantilla y el funcionamiento de las empresas. A continuación, Pablo nos ayuda a entender por qué… ¡Sigue leyendo!

     

    ¿Es la Inteligencia Emocional tan importante para las organizaciones excelentes? 

    3 Investigaciones para despejar dudas

      Aunque ya ha superado los 30 años desde las primeras experiencias y modelos, la Inteligencia Emocional sigue siendo una gran desconocida, tanto en términos operativos como de beneficios de aplicación, especialmente en las organizaciones. En este post he seleccionado tres investigaciones con las que sensibilizar a las empresas de la importancia de contemplar las emociones y su gestión como una variable clave dentro de su realidad cotidiana. Si antes de la lectura hubiera alguna duda, espero que al terminarla pueda haber quedado total o parcialmente despejada.

       

      1.- El impacto de la salud psicológica en la satisfacción vital

        Parece que la felicidad, entendida como satisfacción vital, no está en relación directa con la salud física, pero sí está fuertemente vinculada con la salud mental y emocional. En 2011 varios investigadores españoles (Vázquez et al.) comprobaron que el impacto negativo de los problemas psicológicos sobre el bienestar es sustancialmente mayor que el que pueden ocasionar los problemas físicos.

        Para demostrar este planteamiento usaron la Escala de Satisfacción Vital (Diener et al. 1985) que mide, sobre un máximo de 25 puntos, los siguientes ítems:

        Como se ve en la siguiente gráfica, el impacto negativo de los problemas psicológicos es ampliamente mayor que el de los problemas físicos: el impacto negativo en la satisfacción vital de 1 único problema psicológico en tratamiento (estés, depresión, ansiedad, adicción, trastorno de conducta alimentaria, etc.) equivale a la disminución de satisfacción vital derivada de convivir con 4 problemas físicos simultáneos (digestivos, dermatológicos, articulares, cardíacos, etc.). Podríamos decir, de manera coloquial, que un único problema psicológico reduce la satisfacción vital como lo harían cuatro problemas de tipo físicos presentes simultáneamente.

        Aunque siempre conviene ser prudentes con los resultados de la experimentación y medida de la satisfacción vital, este estudio nos anima a llevar enfoques de inteligencia emocional a las organizaciones pudiendo ser, a la vista de esta investigación, una vía para el cuidado de las personas, actuando como atenuador preventivo de la aparición de dificultades psicológicas en el contexto laboral: síndrome de burnout, episodios de acoso laboral, bajas por estrés o accidentes derivados del mismo, problemas psicosomáticos, etc. No prestar atención al cuidado psicológico de las personas supone un altísimo coste humano, al que hay que sumar el económico, tanto desde la perspectiva de la empresa como desde la variable sanitaria.

        Ya en enero de 2017  la Comisión Europea señalaba en una comunicación que los riesgos psicosociales, y en particular, el estrés laboral, suponen uno de los problemas de seguridad y salud en el trabajo más complejos y que están en progresivo aumento ya que más de la mitad de los trabajadores de la UE señalan que «el estrés es habitual en su lugar de trabajo»,

        De hecho, el incremento en la aparición de problemas psicológicos ha sido una de las mayores secuelas como consecuencia de la situación con la COVID-19, lo cual hace que se redacte en España en el CRITERIO TÉCNICO Nº 103/2020 sobre actuaciones de la inspección de trabajo y seguridad social relativas a la habilitación contenida en el Real Decreto-Ley 21/2020, de 9 de junio, en relación con las medidas de prevención e higiene para hacer frente a la crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19 en los centros de trabajo.

        A día de hoy, los inspectores de Trabajo podrán multar a las empresas que no controlen el riesgo de estrés, ansiedad o malestar psicológico de sus trabajadores, según el nuevo criterio mencionado en el párrafo anterior. Las infracciones serán penalizadas de acuerdo a la Ley sobre Infracciones y Sanciones en el Orden Social (Lisos), que contempla multas que pueden ir en función de su gravedad desde los 40 Euros hasta los 819.780 Euros.

         

        2.- ¿Y cuándo contamos con un estado emocional adecuado?

          Actualmente contamos con un voluminoso conjunto de resultados que miden y señalan las múltiples consecuencias de la correcta gestión emocional en el estado de ánimo. Para este post he seleccionado el estudio de Cohn, M. A., & Fredrickson, B. L. (2009). Resumo sus principales hallazgos en la siguiente imagen:

          A la luz de estos resultados podemos afirmar que la inteligencia emocional nos puede apoyar en la adecuación de nuestro nivel de exigencia (propio y de otros), fomentando que nuestro esquema de pensamiento sea más amplio y más tendente a la creatividad, promoviendo decisiones más efectivas y procomún y actuando como potenciador de una buena salud en términos de sistema inmunitario.

           Y, tras esto, pregunto: ¿a qué empresa excelente no le gustaría nutrir estos factores en su organización?

           

          3.- Cuando alguien no está bien nos da pereza ponernos en sus zapatos

            Aún sabiendo que sentir empatía por los demás no es algo que suponga un esfuerzo económico o de tiempo, ni que tampoco implique un ejercicio agotador emocionalmente (cuando se hace bien), muchas personas tienden a evitarlo porque creen que la empatía requiere demasiado esfuerzo mental. Este hallazgo proviene de una nueva investigación publicada por la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) en 2019. Los participantes informaron, a través del desarrollo del experimento, que sentir empatía era mentalmente exigente o los hacía sentir inseguros, irritados o angustiados. Nos creemos muy empáticos y comprensivos, pero para las 1200 personas participantes en el experimento, mostrar empatía es un sobre-esfuerzo no asumible.

            “Existe una suposición común de que las personas reprimen los sentimientos de empatía porque podrían ser deprimentes o costosos”, dijo el investigador principal C. Daryl Cameron, PhD. «Pero descubrimos que las personas principalmente simplemente no quieren hacer el esfuerzo mental para sentir empatía hacia los demás, incluso cuando se trata de sentir estados emocionales con connotación positiva».

            La empatía, entendida como la capacidad de comprender los sentimientos y estados de otra persona, a menudo se considera una virtud que fomenta las conductas de ayuda. Pero la gente, con demasiada frecuencia, no está por la labor de exponerse a sentir empatía. Creo que es una fibra que tenemos poco entrenada. Entre otros motivos yo creo que es porque en su grupo muscular viene precedido por el autoconocimiento o la autorregulación que, en general, suelen estar bastante necesitados de tonificación por carencia de introspección.

            En este punto, considero importante hacer notar que la ausencia de empatía supone un gran coste de oportunidad en las organizaciones excelentes. La empatía es uno de los pilares de las relaciones emocionalmente saludables. Sin empatía no hay gestión constructiva del conflicto, el feedback que se maneje en la organización será, probablemente, enjuiciador y escasamente nutritivo y el trabajo en equipo se perfilará como un eufemismo que aparecerá vinilado en los muros de la oficina, pero que brillará por su ausencia.