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#MirandoHaciaElFuturo: El cambio como compañero de viaje. Por Susana Aguado, directora de EXECyL

Decimos a menudo que el cambio es lo único constante (“la nueva normalidad”, como acuñamos tras la pandemia). Sin embargo, cuando nos toca de cerca, todavía nos incomoda. Es humano resistirse: el cambio nos saca de lo conocido, de lo que nos da seguridad. Ahí fuera hace frío, y por eso preferimos quedarnos a resguardo en nuestra zona de confort. Pero…

¿Qué pasaría si lo entendiéramos como algo natural, como parte de nuestro camino?

En el mundo empresarial, la resistencia al cambio frena proyectos, desgasta equipos y nos mantiene anclados en estructuras que ya no funcionan. Por el contrario, cuando lo miramos de frente, descubrimos que encierra una fuente inagotable de oportunidades. Cambiar no significa perder nuestra esencia, sino evolucionar hacia nuevas posibilidades.

Las organizaciones que asumen el cambio como parte de su día a día son más ágiles y competitivas. Porque no solo reaccionan cuando llega la transformación: la esperan, la abrazan y la convierten en palanca de crecimiento. El cambio bien gestionado fomenta la innovación, estimula la creatividad y fortalece a los equipos. Y un buen ejemplo de ello son las llamadas organizaciones ambidiestras (aquellas que equilibran la operativa y la transformación, el presente y el futuro), de las que tanto hemos reflexionado en nuestra Comisión de Excelencia.

Por otro lado, en lo personal —para mí, la parte más importante—, el cambio también nos regala aprendizajes valiosos. Nos permite conocernos en situaciones inéditas, sacar a la luz recursos que desconocíamos y descubrir nuevas formas de mirar la vida. Cada cambio trae consigo muchas preguntas y múltiples decisiones (y acciones), como en un libro de elige tu propia aventura y eso, en sí, ya puede suponer un reto. No obstante, desde mi punto de vista, lo que más frena o impulsa el cambio es la gestión de la montaña rusa emocional que lo acompaña.

(Aquí dejo un friendly reminder que da para otra reflexión: emociones y empresa van de la mano, y deberían trabajarse también en el ámbito corporativo).

 

Mirar al futuro implica, necesariamente, normalizar el cambio: dejar de verlo como amenaza y empezar a tratarlo como un compañero de viaje que, aunque a veces molesta, siempre nos empuja a crecer (algo que tiene mucho que ver con la búsqueda de la Excelencia que perseguimos desde EXECyL).

Como decía al principio, ahí fuera hace frío y, en el fondo, no importaría si tuviésemos siempre a mano ropa de abrigo (y cuanto más variada, mejor). En el caso del cambio, palancas como el autoconocimiento, las redes de apoyo, la formación, poner el foco en las oportunidades, apoyarnos en experiencias pasadas -propias o de terceros-, desarrollar capacidad de acción… nos arropan ante la incertidumbre. Y, lo mejor, es que están a nuestro alcance y, algunas de ellas, de una manera especial, en EXECyL.

 

Y me encantaría saber:

¿Qué aprendizaje personal o profesional has sacado de tus últimos cambios? ¿En qué palancas te has apoyado para afrontarlos?

 

 

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