Julio: mes de la Economía Circular
Hoy, es Aurora López García, directora de Red Comercial, Marketing y Comunicación en nettit y Executive en everis, quien comparte con todos nosotros su visión acerca de la temática que venimos abordando a lo largo del mes de julio: la Economía Circular… ¡Muchas gracias Aurora!
Vamos con ello 😉
Objetos reparables, actualizables y totalmente reciclables.
Reconozco que estas tres premisas de la producción industrial de nuevos objetos, de todo tipo, se me han quedado grabados tras la visualización del vídeo de la Fundación Cotec que os enlazo, y recomiendo encarecidamente. No porque diga cosas que no sabemos, como sus creadores sabiamente se encargan de subrayar (sin duda tienen oficio), sino porque a la vista de los indicadores medioambientales, que ponen en evidencia el ritmo vertiginoso e irreversible con el que estamos destrozando nuestro planeta, no queda más remedio que exclamar que esto de la economía circular… ¡parece tan fácil!, ¡tan lógico por lo menos!
Entonces, ¿dónde está el problema? Lo cierto es que solo mirando alrededor, en nuestra propia y querida Fundación EXECyL vemos socios excepcionales en su toma de conciencia con la sostenibilidad, y que actúan en consecuencia. Y yendo un poco más allá, incluso sin salir de nuestra región, también hay ejemplos fantásticos. Pero… queda mucho por hacer.
La economía circular no es solo reciclar, cliché que yo misma tenía hasta hace unos años. La economía circular consiste fundamentalmente en pensar. Pensar cómo producir nuevos objetos:
- que no se plieguen a la evidencia de la obsolescencia programable, y puedan ser reparados
- que incorporen la innovación “de facto”, de manera que puedan volver a fábrica o a centros donde les hagan una puesta al día. Bien para llevar a cabo un mantenimiento correctivo (cambiar una pieza, corregir un error), o bien para su actualización, lo que en tecnología denominamos mantenimiento evolutivo, incorporando un nuevo chip o componente que le dote de funcionalidad mejorada.
- que se conviertan en “mejor basura”, es decir, reciclables de verdad
Pero no solo hablamos de producción, es decir, de la parte industrial o de ingeniería. Aquí también tienen cabida nuevos modelos de negocio, una nueva economía en la que no poseemos las cosas, sino que las alquilamos (¿a que nunca has pensado en comprarte el AVE, sino solo en sacar un billete?). La economía colaborativa, también “de verdad” nos ofrece excelentes ejemplos. Aunque muchas de estas compañías deben retorcerse y mimetizarse esperando una regulación que, inevitablemente, va más despacio que la innovación y supone un lastre para que las grandes compañías confíen en sus negocios.
Y llegamos a la parte de las finanzas, mi pasión y oficio actual. ¿Por qué tenemos que poseer, o mejor dicho, atesorar o retener, el dinero? (por favor, que no me lea un economista, y si lo hace que sea magnánimo con mi lenguaje coloquial sobre temas tan trascendentes). A ver, me explico mejor. El problema del endeudamiento ha llevado a la quiebra a cientos de miles de empresas solo en nuestro país. Todos tenemos amigos cercanos, gerentes de empresas que “van bien”, es decir, que son productivas y rentables, incluso excelentes… pero que adolecen de falta de liquidez para afrontar el corto plazo, el dichoso flujo de caja. Y por otra parte, también conocemos empresas con un gran exceso de tesorería que permanece improductiva debido a la falta de opciones de inversión segura y a corto plazo en las que colocar sus activos. Esas mismas empresas pagan a sus proveedores a 30-60 días (ejem..), porque “aquí las cosas siempre se han hecho así”. Parece evidente, al igual que en la economía circular, que si el dinero “fluyese” con mayor facilidad a sus proveedores, éstos a su vez podrían extender dicha liquidez a lo largo de la cadena de suministro, reduciendo a su vez endeudamiento “aguas abajo”, dejando “demodé” la manida frase “es que no te puedo pagar porque no me pagan a mí”, y por tanto, saneando la economía.
Eso hemos hecho en nettit, habilitar un entorno digital seguro y rentable donde todos ganan, donde empresarios y profesionales podéis negociar acuerdos de pronto pago a cambio de un descuento pactado entre las partes. Hasta ahora las empresas habéis utilizado mecanismos (por llamarlo de alguna forma) como los pagarés, líneas de crédito, o productos de financiación más sofisticados (e imposible de explicar fuera de nuestras fronteras, ¿por qué será?) como el confirming y el factoring. Pero la intermediación financiera, el CIRBE… han sido elementos inherentes a estos mecanismos que, si bien han permitido endeudarse a las compañías, no les han dotado de la liquidez ni de la flexibilidad necesaria en el momento adecuado. Y la conclusión ha sido la pervivencia del sinsentido en términos de equidad y eficiencia: el desequilibrio entre empresas con exceso de tesorería improductiva vs empresas endeudadas con facturas a su favor sin cobrar.
No me extiendo más sobre nuestro negocio porque no es el objeto de este post, ya sabéis dónde encontrarnos. Solo espero haber conseguido plantar la semillita de la responsabilidad social financiera, ya que en nuestro día a día tenemos la ilusión de estar contribuyendo a sanear la economía, y por tanto, a hacer un mundo mejor.
Esperamos vuestros comentarios, quizá podáis ayudarnos a elegir uno de estos términos ya que en la casa no nos acabamos de poner de acuerdo: ¿RSF o RFC? ¿Responsabilidad social financiera o responsabilidad financiera corporativa? 🙂
Saludos cordiales y feliz verano, amig@s.

