El compliance, la primera herramienta para el Buen Gobierno

Marzo: mes del Buen Gobierno en EXECyL

 

Seguimos con el mes temático de marzo… Hoy con José Antonio Castañeda de Negotia Abogados quien comparte con todos nosotros su interesante visión del Buen Gobierno, situándolo en el mapa empresarial, y del compliance, una de las áreas en las que está especializado (echa un vistazo a su blog).

 

No nos entretenemos con más preámbulos, ¡vamos con ello!

 

El compliance, la primera herramienta para el Buen Gobierno

 

En los últimos tiempos, el concepto de Buen Gobierno en el mundo empresarial no ha ido sino ganando protagonismo. El ‘Corporate Governance’ es un concepto extenso, pero básicamente se refiere a los mecanismos, formas y relaciones a través de los cuales se dirige una empresa o una institución.

Es decir, el Buen Gobierno no es una pata más de la acción empresarial: es la meta, el ideal, el objetivo al que debe tender una organización empresarial. La clave está en adoptar políticas basadas en principios que excedan de lo meramente jurídico, que abarquen comportamientos que superen las exigencias legales. Este ‘ir más allá’ es lo que contribuirá a que una empresa sea una organización fiable, humana y transparente. Y eso, indudablemente, repercutirá en su cuenta de explotación porque llevará aparejado, además de una buena reputación, gestión satisfactoria y positiva.

Aunque parezca mentira, por lo positivo que es tanto para la empresa como para la sociedad en la que esta se inscribe, el concepto de Buen Gobierno es relativamente reciente en nuestro país. Vio su plasmación jurídica hace poco más de cinco años, en la Ley 19/2013, de 9 de diciembre, que bajo el titulo Ley de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, alude a lo largo de su articulado a esta cuestión.

 

El cómo

Sabemos qué es el Buen Gobierno. Pero ¿cómo lo implementamos? Esto ya es otro cantar, es pasar de la teoría a la práctica, en un terreno francamente complicado. Obviamente, necesitamos dotarnos de unas herramientas, mecanismos que nos permitan incorporar ese conjunto de principios que se traducen en valores y que impregnan la forma de ser y de trabajar de todos los departamentos de una compañía.

De entre todas estas herramientas, no lo dudéis, la más útil es el compliance. La reforma del Código Penal acaecida en 2015 y reforzada, en esta materia, en febrero de 2019, importó a nuestro ordenamiento jurídico la conocida figura del compliance. Es decir, la previsión de un programa de prevención de delitos penales.

El compliance no es otra cosa que un instrumento que el legislador ha puesto en manos de los empresarios, directivos y trabajadores con la finalidad de lograr ese Buen Gobierno a través de la adopción de procedimientos de trabajo seguros, honestos y transparentes. Y es un programa que no está solo, va acompañado de otras herramientas como el código de conducta y el código ético.

 

¿Por qué el compliance es la principal herramienta para conseguir un Buen Gobierno?

 

Por la dinámica que exige su propia aplicación. Cuando una empresa ha puesto en marcha el proceso de aplicar un programa de compliance, una primera fase es, ineludiblemente, conocerse a sí misma, saber y descubrir su carácter y sus dinámicas de acción de para, de esta forma, poder determinar el mapa de riesgos.

El mapa de riesgos es el resultado de analizar cada paso que se da en una empresa, la forma de tomar o no, una decisión, la forma de gestionar, o delegar cada uno de los departamentos y la forma de actuar de cada área de trabajo, en cada una de sus facetas. Es un proceso complejo que requiere un trabajo arduo, sincero y que obliga a la empresa a colocarse frente al espejo para conocerse mejor.

Esta revisión profunda, a menudo hace que la empresa descubra con asombro que ciertas formas de actuar no solo eran desconocidas, si no que pueden conllevar multas y serios problemas jurídicos. Además, un buen programa de cumplimiento normativo nos evita pérdidas económicas, tanto a través de multas que podemos ahorrarnos como proporcionando una gestión que repercutirá en positivo en nuestra cuenta de explotación.

Es importante delimitar las responsabilidades de cada miembro del equipo. Porque el riesgo de cometer un delito, por ejemplo, una estafa, se inicia en la forma de tomar las decisiones del gerente, o los miembros del consejo de administración, si lo hacen de manera individual o mancomunada.

Y también es muy importante saber cómo funciona cada departamento. Por ejemplo, el área de compras. Debemos saber si tiene un procedimiento transparente en la solicitud de ofertas, si comprueba los pedidos que le llegan, si comprueba y acredita que la compra y el albarán de entrega son coincidentes, si el pago se ha realizado de una manera o de otra y concluye con la exigencia de un plan de cumplimiento a los proveedores, además de la recepción y almacenamiento en el lugar y con el código de verificación apropiado.

En función de si existen esos procedimientos u otros similares, el riesgo del delito tendrá un nivel u otro, se considerará un riesgos inherente o no, se deberán adoptar procedimientos de control, o simplemente revisar los que hay y todo ello llevara aparejados planes de actuación.

Esta forma de “poner patas arriba” los distintos departamentos, lleva aparejada una mudanza de los viejos procesos a una nueva cultura empresarial, que bajo la exigencia que marca el ordenamiento penal va a contribuir inexorablemente a revisar y mejora los procedimientos de toma de decisiones. Es decir, mudarnos a una cultura empresarial donde los valores se traducen en procedimientos.

El programa de prevención de delitos, igual que el código de conducta, es la primera oportunidad de efectuar un cambio real en el proceso de toma de decisiones en una empresa o institución. Y es el primer paso para transformar a la empresa en una organización más transparente, más humana y con mejores resultados económicos.

 

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