Dentro del espacio que, desde EXECyL, estamos dedicamos durante este mes de noviembre a la Eficiencia, tenemos el placer de compartir con vosotros esta reflexión de Pedro Pisonero, director general de IBERAVAL (patrono de la Fundación), sobre cómo esta Sociedad de Garantía Recíproca no pierde de vista esa máxima.
La eficiencia es la madre de la ciencia.
El marketing digital, que tanto pánico causa a muchos entornos comunicativos tradicionales, se basa en los ganchos. A ser posible, efectivos. Pues bien, si usted está leyendo este artículo, sepa que ha sido captado por uno de ellos.
Efectivamente, el proverbio tradicional dice otra cosa.
Ya metidos en harina, creo que es momento de abordar la eficiencia como merece. De hecho, en este artículo nos hemos propuesto hablar de la utilidad de una entidad financiera como Iberaval, que tiene participación pública y que, además, cuenta con el respaldo de más de un centenar de instituciones de todo tipo.
Sabrá usted que las entidades financieras no viven precisamente su momento de mayor popularidad. Sin embargo, en España se nos acaba de decir que las principales entidades financieras superan holgadamente los test de estrés más exigentes de la EBA (Autoridad Bancaria Europea). En parte, porque en la última década la adaptación de ese sector y otros muchos ha sido impresionante.
En Europa, de hecho, se mira a España con cierta envidia por esa capacidad que hemos demostrado de superar un momento tan crítico como el vivido en 2012 y convertirnos en una de las locomotoras de cabeza en el viejo continente.
Una larga historia
Iberaval nació hace ahora 37 años como consecuencia del empuje de varios empresarios que observaban -hay cosas que no cambian- que el grifo del crédito podía fluir mejor. De manera que la primera sociedad de garantía, entonces Pymev, daba sus primeros pasos por el ya lejano otoño de 1981.
Ahora bien, los propósitos fundacionales de la entidad que represento siguen intactos: propiciar financiación al mejor precio, con los mejores plazos y en las mejores condiciones posibles.
Esa lucha por la eficiencia ha sido una constante en Iberaval, combinando como digo el objetivo con la utilidad. ¡Que ningún proyecto viable se quede sin financiación! Lo habrán escuchado hasta la saciedad. Pero la realidad es que hay mucho por hacer. Siempre hay mucho por hacer, porque, según los cálculos de la patronal nacional de las sociedades de garantía, 171.000 pymes crearían más de 500.000 puestos de trabajo de obtener financiación. Hagan ustedes los cálculos si Castilla y León representa en torno al 5 por ciento del peso en la riqueza nacional.
La realidad es que Iberaval sí ha logrado avanzar en ese reto último, que se centra en la utilidad. Hemos agilizado procesos, digitalizado estructuras. Hemos avanzado hacia una atención más directa y competente de nuestros socios.
Y eso que, sólo en la última década hemos sumado más de 12.000 nuevos asociados, con lo que eso supone para una plantilla que consta de 80 profesionales, y que da respuesta a 27.000 compañías con las que trabajamos.
Entre ellas, como decía al principio, están 126 instituciones, entre las que destacan administraciones, asociaciones empresariales, entidades financieras. Un ecosistema real que permite que en este momento Iberaval ya sea la sociedad de garantía con mayor actividad de toda España y la segunda con un mayor riesgo vivo.
Pero es que, además, Iberaval ha logrado, a partir de su estrecha cooperación con el Instituto para la Competitividad Empresarial de la Junta de Castilla y León, el ICE, hacer realidad esa máxima que defiende la cooperación público-privada como el modelo más eficiente y con mayor proyección. A partir de programas de apoyo a las empresas, con bonificación de préstamos, se ha logrado abrir o mantener miles de empresas, así como crear miles de puestos de trabajo.
Decía un tal Henry Ford, hace ya más de un siglo, aquello de que “tanto si piensas que puedes o no puedes, tienes razón”.
En el día a día de Iberaval hay miles de vicisitudes, pero siempre encontramos un faro guía, un sentido último a nuestra existencia: ser útiles a las pymes, autónomos y emprendedores.
Un colectivo, por cierto, que conoce como pocos lo que es la eficiencia. Cuántas empresas han tenido que viajar cuando el consumo en España estaba por los suelos, para vender sus productos en el exterior. Cuántos emprendedores han tenido que hacer, rehacer y volver a empezar, para dar con esa tecla que ha hecho posible que su iniciativa inicial fuera una realidad… también útil para la sociedad.
En el ámbito empresarial hay una máxima, y concluimos como empezamos, echando mano del recurrente marketing online: la prueba-error acaba acercándonos al acierto. Y la eficiencia, en los tiempos que corren, sin ningún género de duda, constituye un acierto.
