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Sin poner nota al 2020

Diciembre: balance 2020

    Se acerca la Navidad. Unas fechas que siempre han destacado por el sentimiento de la alegría, el (re)encuentro familiar y la ilusión por la llegada de un nuevo año cargado de nuevos retos. Sin embargo, estas, las de 2020 van a ser diferentes… La alegría, contenida, un (re)encuentro familiar, en la distancia (o, al menos, con menos personas que de costumbre)… No obstante, lo que sí ha de perdurar, es la ilusión. La ilusión por que las cosas mejoren; por despedir un año complicado y poder aplicar todos los aprendizajes extraídos en el nuevo que está por entrar; por apostar por un 2021 mucho mejor; por ser capaces de poner el valor en aquellas cosas que realmente lo tienen…

    A continuación compartimos unas líneas en las que nuestro compañero Carlos Ceruelo, CEO en BilliB (Grupo everis – NTT), nos cuenta cómo despide este año tan complicado, sus vivencias y sus reflexiones acerca de cómo encarar todo lo acontecido y todo lo que está por venir. Unas profundas palabras que, en nuestra opinión, no tienen desperdicio alguno. Te invitamos a seguir leyendo…

     

    Sin poner nota al 2020

      Aun recuerdo mi brindis con las copas en alto junto a mi familia en la nochevieja pasada, por un 2020 que se me antojaba fabuloso. Menudo vidente estoy hecho. Está claro que mi novela Pitia es ciencia ficción, de haber poseído en realidad esa máquina cuántica que el protagonista utiliza para conocer el futuro, hubiera sabido que el que estaba llegando no era para brindar por él y os habría avisado a todos…

      Ha sido en muchos aspectos el peor año de nuestras vidas. Principalmente por los familiares y amigos que nos han dejado por causa del Covid. Pero al menos de igual importancia es el tremendo impacto en el mundo empresarial. La situación económica de muchas empresas y personas está llegando a ser insostenible, provocando verdaderos dramas.

      Hay un aspecto muy importante que estoy viviendo tanto en mí como en multitud de personas que me rodean, especialmente colegas profesionales, un exagerado incremento de situaciones sicológicas delicadas que me están preocupando. Es lógico, los seres humanos, y sobre todo los seres españoles, necesitamos el contacto, las relaciones, los “cafés” y las copas. Pero tengo la sensación de que nadie se está preocupando de esto, y estamos cometiendo un gran error, probablemente nunca sabremos cuáles han sido las verdaderas consecuencias, ya que al menos por ahora, las instituciones no están interesadas en hacer estas estadísticas para identificar el problema y buscar soluciones.

      Por nuestra biología, en situaciones críticas como ésta el cerebro reptiliano es el que gobierna, y el miedo nos hace pensar solo en salir corriendo del peligro que nos acecha, sin dejar al otro cerebro superior procesar y caer en la cuenta de que las consecuencias de actuar así pueden ser mucho peores. Saltar automáticamente por el “susto”, nos puede, por ejemplo, hacer caer a un barranco…

      Esta situación negativa que estamos viviendo se contagia y provoca una influencia del mismo signo en todo lo demás, entrando en una espiral diabólica que no nos deja sacar la cabeza fuera del agua. Esta espiral es especialmente impactante en la economía, y el impacto en lo empresarial conduce a una mayor intensidad en el giro.

      El valor de las «pequeñas» cosas

        Pero por este mismo proceso, estoy seguro de que en el momento, que parece ya cercano, en que la situación comience a superarse, entraremos en otra espiral esta vez gloriosa, que nos hará salir adelante con una exagerada fuerza. Y esta vez, además, vamos a recuperar la ilusión rápidamente, primero por necesidad vital, y después por el aprendizaje, que es lo mejor que todo esto nos está trayendo. Nuestros principios han sido profundamente tocados, y a partir de ahora, los que estén preparados y sean inteligentes vivirán la vida con otra disposición. Estamos aprendiendo a valorar cosas que antes teníamos, pero no dábamos valor, tanto a nivel personal como profesional, y estamos aprendiendo a saborear muchas pequeñas cosas que antes nos pasaban desapercibidas. En resumen, estamos aprendiendo a “vivir” la vida.

        Depende de cada uno de nosotros, que todo esto que estamos sufriendo nos traiga unos resultados que compensen el sufrimiento experimentado y mejoren sensiblemente nuestra forma de vivir. Yo tengo por naturaleza un lado budista-taoísta que me hace acometer el futuro pensando en que de verdad los problemas son oportunidades, que cada cosa que sucede cambia completamente el futuro que nosotros mismos vamos construyendo, y que se convertirá en algo bueno si estamos preparados para ello. Y pienso mucho en lo que nos ha podido evitar este 2020. Os invito a pensar en las cosas malas de las que nos hemos librado y qué cosas serán mejores gracias a esta “a priori” desagradable situación, quien sabe…

        ¿Buena o mala suerte?

          Para ayudaros en la reflexión, os dejo una enseñanza taoísta atribuida a Lao-Tse que me encanta y que muchos conoceréis. Te hace pensar en que la valoración de si todo esto que nos está pasando es bueno, o es malo… dependerá de lo que nos llegue después (y de cómo lo gestionemos).

          “Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaban a trabajar la tierra y tenían un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha (era su bien más preciado). Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta del hombre diciéndole:

          -Tu caballo se escapó, ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido. El hombre lo miró y le dijo: -¿Buena suerte o mala suerte? ¡Quién sabe!

          Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y él dijo: -No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido! El hombre lo miró y le dijo: -¿Buena suerte o mala suerte? ¡Quién sabe!

          Más adelante el hijo del hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle: -¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tú eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos. El hombre otra vez lo miró y dijo: -¿Buena suerte o mala suerte? ¡Quién sabe!

          Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo: -Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido! Otra vez el hombre lo miró diciendo: -¿Buena suerte o mala suerte? ¡Quién sabe!”

          Os deseo un feliz 2021.