En EXECyL tenemos un propósito muy claro: visibilizar, compartir e impulsar las mejores prácticas de nuestro ecosistema empresarial. Dentro de nuestra Campaña de Excelencia, hoy queremos poner el foco en una organización que está demostrando cómo afrontar con éxito los retos de la innovación, la sostenibilidad y la gestión empresarial: Grupo Entrepinares (gracias por vuestra generosidad compartiendo este contenido con EXECyL).
Cuidar el origen para generar solidez
En una empresa dedicada al sector agroalimentario, la calidad no se asegura solo al final del proceso. Se construye mucho antes, en el origen de la materia prima, en la estabilidad de la cadena de valor, en la coordinación entre equipos y en la capacidad de revisar de forma constante cómo se está trabajando. Una de las enseñanzas que deja la trayectoria de Entrepinares es precisamente esa. Trabajar con más de 700 ganaderías y más de 20 cooperativas obliga a entender que la fiabilidad del producto final depende de una red mucho más amplia que la propia fábrica.
Algunas claves que ayudan a reforzar esa lógica son:
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- Establecer relaciones estables con proveedores y trabajar con visión de medio y largo plazo.
- Compartir criterios de calidad desde el origen y no solo en la fase final del proceso.
- Acompañar técnicamente a la cadena de suministro para anticipar incidencias y mejorar resultados.
- Convertir la mejora continua en una práctica diaria, no en una medida puntual.
Cuando esa base existe, resulta más fácil sostener estándares altos, anticipar desviaciones y ganar consistencia en un entorno cada vez más exigente.
Mejorar procesos para crecer mejor – Buena práctica
En Entrepinares, una de las prácticas que mejor resume esta forma de trabajar ha sido incorporar soluciones innovadoras allí donde la operación diaria planteaba margen de mejora. No desde una lógica de novedad, sino desde la necesidad de ganar eficiencia, reforzar procesos y aprovechar mejor los recursos. Esa mirada se ha traducido tanto en automatización industrial y digitalización como en proyectos ligados al agua, la energía o la valorización de residuos.
Ese enfoque se ha concretado, por ejemplo, en la automatización de procesos industriales con robots, AGVs, almacenes automáticos o sistemas de visión artificial, pero también en decisiones orientadas a optimizar recursos. En 2024, la ratio de consumo de agua por millón de litros de leche descendió un 5,51 por ciento, y en la planta de Vilalba se ha desarrollado el proyecto Cow Water, que permite regenerar el agua utilizada en los procesos industriales y reintroducirla en el ciclo productivo, con un ahorro diario de entre el 30 y el 40 por ciento del agua que antes se captaba de la red pública. A ello se suma la revalorización del 99,4 por ciento de los residuos y una apuesta creciente por el autoconsumo energético, que ya representa cerca del 12 por ciento de la energía consumida por la compañía.
Llevado a aprendizajes que puedan ser útiles para otras empresas, esta práctica se apoya en varias claves:
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- Detectar oportunidades de mejora dentro de la operativa real y no solo en planes teóricos.
- Priorizar soluciones que aporten eficiencia y puedan medirse en el día a día.
- Entender la sostenibilidad como una herramienta de gestión ligada a agua, energía y residuos.
- Introducir tecnología cuando ayuda a tomar mejores decisiones y a reforzar procesos ya existentes.
- Conectar esa evolución con el empleo, la formación y la estabilidad en entornos donde la empresa tiene arraigo.
Reflexión – Una industria que no pierde sus raíces
El futuro del sector agroalimentario en Castilla y León pasa, probablemente, por saber combinar mejor que nunca arraigo e innovación. La tradición sigue siendo una fortaleza, porque aporta conocimiento del producto, vínculo con el territorio y una manera de hacer muy reconocible, pero hoy necesita convivir con procesos más avanzados, decisiones más ágiles y una mayor capacidad para gestionar recursos, talento y eficiencia.
En Castilla y León, donde se elabora uno de cada tres quesos de España, esa combinación resulta especialmente relevante. Crecer sin romper la conexión con el medio rural, generar empleo estable y cualificado y reforzar la cadena de valor desde el origen no solo aporta identidad, también construye resiliencia empresarial. En el caso de Entrepinares, con alrededor de 1.600 empleados y presencia en ocho centros, esa evolución demuestra que es posible ganar dimensión, competir en más de 50 países y seguir manteniendo una relación estrecha con el territorio y con el sector primario.
