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#MirandoHaciaElFuturo: Un tren que pasa cada 4 años. Por Soraya Mayo

Me estreno en el blog de EXECyL con un tema que me apasiona: la comunicación y la influencia. Gracias por la oportunidad.

Estamos en elecciones. Te dirás, ¡qué novedad!. Pues sí a pesar de que es obvio, quizá no estés aprovechando la oportunidad que tienes delante.

Si tienes propuestas para los partidos políticos este es el momento de mover ficha. Los programas se están cerrando y, aunque muchos piensen lo contrario, todavía hay margen para influir.

 
Lo digo con conocimiento de causa. He estado en ambos lados de la mesa: como quien llama a la puerta para presentar propuestas y como candidata que las recibía. Y hay algo que se repite siempre: quien no está en el programa, simplemente no existe.

En Castilla y León (y no solo aquí), muchas empresas y organizaciones se acercan a los partidos con pudor, casi de tapadillo. A veces es vergüenza, otras pereza, y muchas miedo a ser “utilizados” políticamente. Lo entiendo. Pero esa actitud defensiva tiene un coste enorme: perder la oportunidad de arrancar un compromiso público.

Te voy a dar argumentos para que hables con todos los partidos y presentes tus aportaciones a los programas electorales.

Cuando una propuesta se presenta de forma transparente, con luz y taquígrafos, lo que se gana no es solo visibilidad. Es munición política para los siguientes cuatro años: la capacidad de recordar una promesa, de pedir reuniones, de activar a los medios con un “¿qué pasó con aquello?”. Eso es influencia sostenida.

Además, si representas a una asociación, cooperativa o fundación, hay otro factor clave: la legitimidad interna. Tus socios no solo esperan que existas, esperan que te muevas. Que presiones. Que defiendas. Y si no lo haces tú, lo hará otro más pequeño, más ágil, con menos recursos pero mejor estrategia. Y entonces llegarán las fotos y el ataque de cuernos.

¿Y si eres una empresa?
Si eres micro o autónomo, probablemente este trabajo lo haga tu asociación. Pero si eres una empresa relevante, con peso económico o territorial y propuestas que van más allá de tu cuenta de resultados, no solo puedes hacerlo: debes hacerlo. Liderazgo sectorial, radar político, reputación como interlocutor fiable. Todo eso se construye así. En general en esta tierra se nos da muy mal vendernos, somos conscientes pero no hacemos nada para cambiarlo. Es como si aceptáramos con resignación esta “maldición bíblica” del “somos así”. Mal. El mundo ya no funciona guardando el paño en el arca.

 
Eso sí, para hacerlo bien hay dos claves críticas. Si fallas aquí, todos tus miedos se cumplirán.

Primera clave: no vas a sacarte una foto, vas a provocar un compromiso.
Una reunión sin objetivo es una pérdida de tiempo. No se improvisa. Hay que definir qué quieres, estructurar el mensaje, ensayar y anticipar objeciones. He visto demasiadas organizaciones entrar, contar sus problemas, dejar un documento mediocre y marcharse. Eso no es incidencia, es desahogo.

Segunda clave: no seas sectario.
Te reúnes con todos. Con los que te gustan y con los que no. Es parte del trabajo. La ideología personal es irrelevante frente al objetivo profesional. Te tienes que sentar con todos, no sólo con los que te gustan. Así es la vida.

Antes de pedir una reunión, haz este ejercicio: piensa en propuestas basadas en el interés general. No en tu beneficio directo. Si tu propuesta solo te favorece a ti, eres un actor más defendiendo su posición. Si fortalece el ecosistema, te conviertes en interlocutor estratégico.

Con la cita cerrada y veinte minutos por delante, la pregunta no es qué vas a contar, sino cómo conviertes esa conversación en un compromiso público.

👉 Empieza por el documento. Un one-pager. Una sola hoja.
Nada de literatura corporativa ni informes eternos.

Tres bloques:
– El problema, formulado en clave pública.
– La propuesta, concreta, viable y ejecutable.
– El impacto político positivo: empleo, cohesión, competitividad, sostenibilidad.

Hazte una prueba sencilla: ¿podría el candidato repetir tu propuesta en un mitin en una sola frase clara? Si no, aún no está afinada. La influencia exige síntesis. Dales un slogan o un nombre. ¿ Te suena la “tarifa plana para los autónomos”?. Esa fue una genialidad de Lorenzo Amor, el Presidente de ATA hace más de 15 años y sigue vigente.
 
👉 En la reunión, no vayas a escuchar, ve a provocar posicionamiento.
Primero, muestra legitimidad: a cuántos representas, qué impacto tienes. No es vanidad, es poder.
Segundo, foco: no lleves diez propuestas. Lleva tres. Y si puedes, una prioritaria. La dispersión diluye el compromiso.
Y tercero, el momento clave: pide el compromiso. Haz la pregunta. Y calla. Sin solicitud explícita, no hay influencia.
 
👉 Y luego viene lo más importante: el post-reunión.
Aquí empieza la influencia real.

Comunicación pública prudente, dejando constancia del encuentro.
Correo de seguimiento, agradeciendo y recordando lo hablado.
No es presión. Es profesionalidad. Y cada recordatorio genera coste político si no se cumple.

No confundas visibilidad con influencia.
Puedes hacer muchas fotos y no conseguir nada. Debes seguir esta estrategia.

 
Todavía estás a tiempo de influir y de hacer algo por esta tierra, que es donde vives, tienes tu negocio y tu familia.

Las elecciones son una magnífica oportunidad de aportar, o por lo menos, de intentarlo. Es trabajoso, lo sé. Es más fácil quejarse en el bar, pero ahí no se soluciona nada. No pierdas este tren.

Soraya Mayo

 

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