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#MirandoHaciaElFuturo: Mirar al mundo sin dejar de trabajar desde Aguilar de Campoo. Por Lourdes Gullón, presidenta de Galletas Gullón.

En EXECyL seguimos #MirandoHaciaElFuturo, una iniciativa con la que queremos compartir diferentes miradas sobre los retos y oportunidades que marcarán el futuro de nuestras empresas y de Castilla y León.

En esta ocasión contamos con la colaboración de Lourdes Gullón, presidenta de Galletas Gullón, a quien agradecemos que comparta con nuestra comunidad su visión sobre el crecimiento empresarial, la internacionalización y el papel de la industria en el desarrollo de nuestro territorio.

A partir de su experiencia al frente de una empresa familiar con más de 130 años de historia, Lourdes nos invita a reflexionar sobre una idea clave: crecer y competir en el mundo sin renunciar a nuestras raíces. Porque el futuro de Castilla y León también pasa por fortalecer las empresas que ya tenemos aquí, generar oportunidades y demostrar que es posible construir proyectos de alcance internacional desde nuestro territorio.

 

Crecer desde aquí para competir en el mundo

    Cuando hablamos del futuro económico de Castilla y León, solemos poner sobre la mesa cuestiones como la despoblación, el talento, la competitividad, la innovación o la capacidad para atraer inversiones. Son debates necesarios, pero quizás haya una pregunta previa que deberíamos hacernos como sociedad: ¿qué tipo de empresas queremos construir en nuestra comunidad y qué papel queremos que desempeñen en su futuro?

    Desde mi experiencia al frente de una empresa familiar nacida hace más de 130 años en Aguilar de Campoo, creo que una de las respuestas pasa por recuperar una idea que a veces olvidamos, que también se puede crecer desde aquí para competir en el mundo.

    Durante décadas, la expansión empresarial y la internacionalización se han asociado, en muchos casos, con la necesidad de trasladar actividad allí donde los costes son menores o donde existen mercados más grandes. Es una lógica comprensible en determinados sectores y circunstancias. Pero la evolución de la industria demuestra que existen otros caminos. La tecnología, la automatización, la mejora de las infraestructuras y, sobre todo, el conocimiento permiten que determinados territorios sean capaces de albergar industrias competitivas a escala global.

    Castilla y León cuenta con condiciones para hacerlo. Tenemos una potente base agroalimentaria, materias primas de la más alta calidad, profesionales cualificados, tradición industrial y empresas que han demostrado su capacidad para abrirse camino en mercados internacionales. De hecho, el sector agroalimentario representa el 5,2% del valor añadido bruto de la comunidad y concentra el 30% del sector industrial regional. El reto está en convertir esas fortalezas en proyectos empresariales capaces de generar cada vez más valor aquí.

     

    Invertir en industria es invertir en oportunidades

      En Galletas Gullón hemos comprobado que esa combinación es posible. Nuestra compañía ha alcanzado los 750 millones de euros de facturación y exporta ya el 45% de su producción a más de 125 países. La internacionalización es, y seguirá siendo, una de nuestras principales vías de crecimiento. Pero precisamente porque competimos en mercados globales sabemos que la fortaleza de una empresa no se construye únicamente fuera, se construye también en el territorio en el que desarrolla su actividad.

      Esto cambia también la manera de entender la inversión, que no es solamente una cifra en un balance. Es capacidad productiva, es conocimiento, es demanda para proveedores, es innovación y, sobre todo, es una oportunidad para crear empleo cualificado. En nuestro caso, la reinversión sistemática de los beneficios ha sido una de las claves para fortalecer la compañía, ampliar nuestras instalaciones y aumentar nuestra capacidad para competir sin renunciar a nuestra independencia.

      La dimensión territorial de una empresa no termina en su plantilla. Existe también una red de proveedores, transportistas, empresas auxiliares, centros de formación y otros agentes que se benefician de la existencia de una industria capaz de mantener una actividad sostenida en el tiempo.

      Por eso creo que cuando hablamos de empleo en Castilla y León deberíamos hablar también de industria. Y cuando hablamos de industria, deberíamos hablar de proyectos capaces de ofrecer algo más que puestos de trabajo: carreras profesionales, formación, innovación y posibilidades de desarrollo.

      Este es uno de los grandes retos que tenemos por delante. La dificultad para atraer y retener talento es especialmente visible en nuestros entornos rurales. No basta con pedir a los jóvenes que permanezcan en nuestros pueblos y ciudades. Tenemos que ofrecerles razones para hacerlo. Y entre esas razones están, sin duda, disponer de empleos de calidad y de empresas que ofrezcan posibilidades reales de crecimiento profesional.

      En Galletas Gullón hemos superado ya los 2.300 empleos directos. Pero más allá de esta cifra, lo importante es que detrás de cada puesto hay una persona y detrás de cada persona existe una familia, un proyecto de vida y, en muchos casos, una decisión sobre dónde quiere construir su futuro.

       

      El futuro también se construye desde el territorio

        Aquí es donde la empresa tiene una responsabilidad que va más allá de su propia cuenta de resultados. No creo que las compañías debamos asumir funciones que corresponden a las administraciones ni que podamos resolver por nosotros mismos problemas tan complejos como el reto demográfico. Pero sí podemos contribuir. Podemos invertir. Podemos formar. Podemos colaborar con nuestro entorno. Podemos apostar por proveedores cercanos cuando sea posible. Podemos generar oportunidades para jóvenes y mujeres. Y podemos demostrar que determinados proyectos empresariales son viables también fuera de los grandes núcleos urbanos.

        También necesitamos que el ecosistema acompañe. Las empresas requerimos infraestructuras adecuadas, formación conectada con las necesidades reales de la industria, agilidad administrativa y colaboración público-privada. Y precisamos, además, de una visión a largo plazo. Los proyectos industriales no se construyen en meses, requieren inversión, estabilidad y capacidad para pensar en décadas.

        Quizás esta sea una de las grandes lecciones que podemos extraer de las empresas familiares, el largo plazo cambia la forma de tomar decisiones. Cuando una compañía piensa en la siguiente generación, la inversión deja de ser únicamente una cuestión de rentabilidad inmediata y pasa a ser también una cuestión de continuidad.

         

        Arraigo e internacionalización: dos objetivos que van de la mano

          En nuestro caso, esa continuidad se traduce en una idea sencilla, queremos que Galletas Gullón siga creciendo, innovando y vendiendo en todo el mundo, pero queremos hacerlo manteniendo nuestra actividad en Castilla y León.

          No porque sea fácil. Precisamente porque sabemos que competir desde un territorio como el nuestro exige invertir continuamente en tecnología, personas, eficiencia e innovación.

          Y ahí está, en mi opinión, una de las grandes oportunidades de Castilla y León. No deberíamos plantearnos únicamente cómo conseguir que más empresas vengan a nuestra comunidad. También deberíamos preguntarnos cómo conseguir que las empresas que ya están aquí puedan crecer, ganar dimensión, internacionalizarse y generar cada vez más valor sin tener que abandonar su territorio.

          Porque una región como la nuestra necesita empresas fuertes. Y las empresas fuertes necesitan territorios capaces de acompañar su crecimiento. El futuro de Castilla y León no debería plantearse como una elección entre arraigo e internacionalización, entre industria y sostenibilidad, entre crecimiento empresarial y desarrollo territorial. El verdadero desafío consiste en conseguir que estas realidades se impulsen mutuamente. Y desde Aguilar de Campoo hemos aprendido que es posible llegar a todo el mundo.